Las bases de la Terapia Biodinámica Craneosacral nacen con el trabajo del Dr. William G. Sutherland (1873-1954), creador de la Osteopatía Craneal y estudiante del Dr. Andrew Taylor Still (1828-1917), fundador de la Osteopatía.
Sutherland había aprendido que los huesos del cráneo adulto se fusionaban perdiendo movilidad. Pero la observación de la forma en que estas estructuras estaban ensambladas lo hizo pensar que estaban diseñadas para tener una posibilidad de movimiento.
Realizó una serie de experimentos en su propio cráneo para impedir o cambiar esos posibles movimientos, y pudo evidenciar diversos trastornos físicos, emocionales y cognitivos en su organismo. Concluyó que las suturas craneales y los huesos asociados, debían conservar un movimiento para que el organismo funcionara adecuadamente.
Comenzó con un enfoque biomecánico, aplicando suaves fuerzas externas en el cráneo para corregir desequilibrios corporales. Con el tiempo, dejando atrás la orientación manipulativa, transitó hacia un modelo enfocado en la capacidad del cuerpo para equilibrarse a sí mismo, alentando al sistema del consultante a encontrar las herramientas para su propio proceso de sanación.
Los osteópatas Dres. Rollin Becker (1919-1996) y James S. Jealous (1943-2021) profundizaron y expandieron los descubrimientos de Sutherland hasta los registros corporales de las etapas embrionarias. Y fue el psicoterapeuta y formador Inglés Franklyn Sills (1947-2025), quien siguió investigando y profundizando en sus alcances, estableciendo a comienzos de los ‘90 el nombre de Terapia Biodinámica Craneosacral.
Hoy se enseña en múltiples países a través de escuelas y asociaciones formativas que mantienen estándares internacionales. Su desarrollo ha sido posible gracias al trabajo de muchas personas en distintos países. Han sido claves los aportes de Paul Vick, Michael Shea, Roger Gilchrist, Anna y John Chitty, Michael Kern, Cherionna Menzam-Sills, entre tantos otros.
Se practica como un acompañamiento profundo y respetuoso que invita a escuchar al cuerpo como un territorio vivo que recuerda, transforma y sana.
“Permita a la función fisiológica interna manifestarse en toda su potencia infalible antes de aplicar una fuerza ciega venida del exterior.” Dr. William G. Sutherland (1873-1954)

